jueves, octubre 05, 2006

Prensa China en el Perú

Ante la necesidad de mantenerse informados con un lenguaje mucho mas accesible hicieron su aparicion publicaciones en idioma chino y castellano como los siguientes:
Revista Oriental

  • Man Shing Po: “Diario del Pueblo”
  • Chiao Pao: “Diario de los chinos de ultramar”
  • Ko Yieng Pao (Sólo en idioma chino)

Vicaria China

En los años cincuenta llegó al Perú el padre Horacio Ferruccio Ceol – un franciscano italiano que había estado 19 años en la China – y fue fundamental para la comunidad católica China: fundó el Colegio Juan XXIII y organizó los primero pasos de la Vicaría.

Tras su huella andaba otro sacerdote italiano de la misma orden franciscana, Adriano Pacífico Tomasi. Tomó la posta en 1983 y pronto surgió la inquietud de darle un lugar de culto y oraci´n a los miembros de la Vicaría, hasta entonces realizaban los oficios en la Capilla de la O. de la Iglesia San Pedro, en el centro limeño.

Luego de mucho esfuerzo lograron plasmar un hermoso recinto, mezcla de ornamentos chinos con simbología católica. Convocaron el concurso de varios tusanes: el ingeniero Rudy Wong y el arquitecto Kuoway Ruiz para el diseño y construcción, la artista Sonia Lau para el mural de fondo de la nave mayor y del urbanista Hector Cuyo, quien trabajó la estructura del mobiliario.

El 7 de diciembre de 1992 se coronó el esfuerzo con un imponente templo que se ha convertido en el más hermoso del Perú, en su género, y uno de los pocos en el mundo que utilizan este tipo de diseño respetando formas originales cristianas y milenarias chinas.

Chinos de Ultramar

Una vieja sentencia china dice que: “dónde hay agua marina, encontrarás chinos”. Trata de explicar la forma en que millares de chinos tuvieron que huir de la pobreza desde 1820, aproximadamente, a mitad de la dinastía Ch´ing. Al parecer la idea era subirse a un navío y emigrar hacia donde lo lleve el viento y las olas.

Este sistema llevó a los habitantes de Fukien al sudeste asiático y a los de Cantón y a los hakkas, hacia el continente americano, Europa, Africa y Oceanía.

La preponderancia de Fukien y Cantón se explica porque fueron los puertos que lograron cierto desarrollo gracias al contacto que tenían con los extranjeros que abrigaban a sus tierras y porque hasta la guerra de resistencia contra Japón, el mapa político de china tuvo especiales dificultades en la zona sureña.

En esta ola migratoria el sudeste asiático cobró gran importancia a través de los años: según datos de la Comisión de Chinos de Ultamar, viven allí unos 27 millones de chinos, lo que representa el 90% de la población china en el resto del mundo.

El desarrollo del siglo XX y la abolición de la esclavitud, significaron para los chinos una posibilidad laboral inmediata en plantaciones de caucho, té o azúcar del sudeste asiático, caminos en América y minas de oro en Australia y Sudáfrica. La Europa de entonces también reclutó a miles de chinos para que trabajen tras los frentes de batalla en la Primera Gran Guerra.

Las cifras son contundentes: de 1881 a 1915 se enviaron 770 mil trabajadores chinos a Singapur y Penang en Malasia; de 1904 a 1910 fueron más de 50 mil a Sudáfrica, y en 1916 – 1917 se enviaron 230 mil trabajadores chinos para ayudar a los aliados. Cuando en la década del 30, se prohibió la masiva exportación de chinos, los datos arrojaron la cifra de cinco millones de coolíes.

Pero los chinos no fueron ingratos con su tierra madre. Muchos de ellos volvieron a China para invertir en la industria local y ayudar en el desarrollo de su pueblo. Varias líneas de ferrocarriles, por ejemplo, fueron financiados por chinos de ultramar: Chang Hung-nan. Residente en Malasia financió la linea Chaochow- Swatow y el residente americano Ch´en Hsuan- hsi, la línea Hsin – ning.

En la actualidad los “nuevos chinos de ultramar” prefieren llamarse así porque sus motivos de emigración son totalmente diferentes. Los distingue un gran aprecio por la educación y el trabajo a tal punto que han logrado tomar el pulso económico en muchos de los países en donde se han instalado. Lin Shao-liang – por citar un caso – es el chino más rico del mundo y lo ha logrado desde Indonesia.

Perfiles Chinos

Cálculos primeros afirman que en la actualidad viven en el Perú más de un millón de tusanes hasta la quinta generación, que dominan el español, cantonés, mandarín e inglés. En los últimos diz años, han llegado al Perú un promedio de 15 mil chinos.

Sólo en Lima se estima que residen 600 mil habitantes ubicados mayormente en San Borja, Pueblo Libre, La Victoria (Balconcillo y Santa Catalina), Jesús María, Lince, Barrios Altos (Barrio Chino), San Martín de Porres y Los Olivos.

En El Callao se concentran preferentemente en el Callao histórico, La Perla y Bellavista y bordean las cinco mil personas.

Las principales provincias chinas de procedencia son: Hong Kong, Guandong (Cantón), Shanghai, Beijing (Pekín), Harbin, Tianjin, Sichuán, Macao y Shangdon.

El 10 % de la población peruana es Tusán.

Organización China

La guerra con Chile también trajo consecuencias palpables para la población china en el Perú, a pesar de que el gobierno peruano había celebrado un contrato con la empresa norteamericana Oliphant en Hong Kong, para establecer rutas comerciales por barco. Tuvo que concluír la Guerra del Pacífico para que la primera legación china se decidiera a venir.

Hacia 1882 caducaron los últimos contratos de trabajo y los coolíes lograron su libertad. Desaparecidos los trabajos forzados y las penurias del maltrato, los chinos comenzaron una organización propia. Dos años después (8 de febrero de 1884) se funda la Sociedad Central de Beneficiencia China para socorrer a sus paisanos que se quedaron sin trabajo y enfermos, entre ellos a muchos chinos que terminaron ciegos, al contraer distintas enfermedades a los ojos en las haciendas.

Por otro lado, los chinos migrantes siempre se han organizado en sociedades regionales llamadas Wuy Qun, Que servían para la ayuda mutua entre los paisanos. En Lima se establecieron de acuerdo a su lugar de origen, destacando como las más sólidas: Chung Shan, Tong Sing, Cu Con Chau y Pun Yui. En el Callao se congregó la Sociedad Tong Sheng.

La Sociedad Chung Shan reunió a los cantoneses; la Sociedad Tong Sing, sin importar lugar de procedencia agrupó a los Hakkas (etnia Han que se desplegó básicamente por el sur chino). La Sociedad Cu Con Chau integró a los originarios de Um Yap; y la Sociedad Pun Yui, aglutinó a los chinos de la ciudad de Guang Zhou.

La Calle del Capón

Haciendo gala de sus habilidades innatas, el chino buscó dos tipos de contacto: la cocina, del cual el hombre es tradicionalmente muy hábil, y el comercio. En su búsqueda de un centro de abastos, en la Lima de principios de siglo, llegó hasta el mercado central, lugar donde se beneficiaban los animales que se vendían al por mayor y al menudeo.

En la calle lateral (hoy conocida como Jirón Ucayali, cuadra 7) los carniceros capaban a los animales para comercializarlos, por lo que el pueblo la apodó como “la calle capón”.

A una cuadra de distancia (jirones Ayacucho con Ucayali) había un solar de propiedad de Luis Otaiza, quien la alquiló al primer grupo de chinos que buscaban establecerse en el lugar.

Dicen que el callejón Otaiza fue habitado por tal número de coolíes que las condiciones de pobreza y hacinamiento hicieron que cuando Guillermo Billinghurst llegó a la alcaldía de la ciudad (1909) uno de sus primeros actos fue mandarla destruír. Los chinos, como respuesta, se ubicaron en las calles aledañas y se esparcieron entre viviendas y pequeños comercios, dando origen al conocido “Barrio Chino”.

El problema del lenguaje también aportó lo suyo: el 90% de los coolíes venían de la provincia de Cantón, por lo que la fonética les hizo una mala pasada con la confusión “capón-cantón”. Así nació la Calle Capón y muchos años después, la Colonia obsequió la “Portada China”, bajo la alcaldía de Eduardo Dibós Champpuis, quien la inauguró el 12 de noviembre de 1971.

La inmigración china al Perú

Esta primera experiencia trajo consecuencias inmediatas: según datos del ministro de Gobierno, José Manuel Tirado, desde febrero de 1850 hasta julio de 1853, fueron introducidos en el Perú 3,932 colonos, de los cuales, 2,516 fueron chinos.

El gobierno peruano puso atención en el fenómeno de la inmigración ya que había realizado el primer contrato de conversión y de consolidación de la deuda externa, basado en el guano de las islas como hipoteca. Hacia allá fueron a parar las primeras hornadas de trabajadores chinos.

Los coolíes venían al Perú traídos por contrato. Primero tenía una vigencia de cinco años y luego se extendió hasta ocho. Ganaban mensualmente cuatro pesos fuertes o soles y podían ser vendidos a otro dueño a un precio promedio entre 300 y 400 pesos por cada uno. Cuando concluía su contrato la policía les confería un “Boleto de asiático libre” que debía ser refrendado por el intendente de turno.

Pero el maltrato, malas condiciones de vida y tráfico ilegal de coolíes tuvo que ser reprimido por el Congreso y el 6 de marzo de 1856, se prohibió la importación de chinos. Pero no duró mucho, cinco años después, el 14 de marzo de 1861, se volvió a permitir, a pesar que el gobierno de Ramón Castilla vetó la norma. Sin embargo, durante el período 1853 – 1861 se continuaron expediendo permisos especiales para seguir trayendo coolíes.

Cuenta Jorge Basadre que “…a pesar de esfuerzos aislados, el porcentaje de mortalidad en la travesía era alto (se ha calculado que en algunos años pasó del 50%) y al llegar los cargamentos humanos al Callao, se producía una inspección oficial y a los que no tenía contrato, se les alineaba en la cubierta para ponerlos a disposición de los interesados; en los periódicos solían aparecer, además, avisos ofreciendo chinos”.

Mientras tanto, el gobierno de Manuel Balta, aceptaba el 20 de abril de 1868, la propuesta del norteamericano Enrique Meiggs para construir los ferrocarriles de Callao – La Oroya y Arequipa – Puno. Reinciado el tráfico en gran escala los coolíes tuvieron pronto un nuevo destino: se estima que Meiggs empleó de inmediato más de cinco mil chinos en forma simultánea en las líneas férreas.

Luego de varios incidentes sobre maltratos sucedidos en aguas internacionales y que comprometió la diplomacia peruana, el gobierno de Manuel Pardo dictó tres normas en 1873 que otorgaban el descanso dominical a los coolíes, la jornada de trabajo con la posibilidad del beneficio de las horas extras y se establecía el registro de asiáticos en la prefectura del Callao, con amplias funciones de tutela y supervigilancia, inclusive estaba obligada a repatriar a los chinos que, una vez terminados sus contratos, querían regresar a sus tierras. Lamentablemente, no se estableció un registro riguroso de entrada y salida.

Estos hechos ayudaron para que el 26 de junio de 1874, se firme en Tientsin, el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre Perú y China, que entró en vigencia a partir de marzo de 1876, luego de las ratificaciones en ambos países. Algunos años después, en junio de 1884, el gobierno chino envía a su primer diplomático: el Ministro Consejero Zheng Chaoru, perteneciente a la Dinastía Qing.

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